Cine en tu colonia

Reseña de la Mujer Maravilla
NY Times
Por

wonder_woman

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Mujer Maravilla empieza con una música lúgubre y ominosa (compuesta por Rupert Gregson-Williams), con una voz en off que habla de la “oscuridad” y una vista aérea del museo de Louvre que indica que algo siniestro va a suceder. Se le perdona a cualquier miembro de la audiencia que sienta un escalofrío. ¿Realmente esto va a retomar el hilo de Batman vs. Superman? ¿Tendremos que tolerar otra dosis de esos personajes llenos de remordimientos y de villanos con beligerancia autoritaria que han caracterizado a las películas de DC Comics con Warner Brothers? (Los fanáticos que decidan dejar de leer aquí y me vayan a gritar en Twitter para acusarme de favorecer a Marvel y Disney pueden hacerlo. Invito a los demás a seguir leyendo).

Las preguntas que acabo de hacer no son retóricas, pero me alivia decir que la respuesta es no. En cuanto se establece algo de continuidad entre las franquicias –resulta que Diana Prince, el alter ego de la Mujer Maravilla, trabaja en el departamento de antigüedades del Louvre y le acaba de llegar un paquete misterioso enviado por Bruce Wayne–, nos transportan a la vida temprana de nuestra heroína, mucho antes de que se topara con Wayne o con Clarke Kent. Mujer Maravilla, dirigida por Patty Jenkins a partir de un guion de Allan Heinberg, pronto se libra de los elementos obligatorios de una película taquillera y se permite ser algo poco frecuente en el universo actual de los superhéroes; se siente menos como una de las muchas partes de una secuencia de problemas apocalípticos que sirven como oportunidades para comercializar juguetes y más como… ¿cuál es la palabra? Ah, sí, una película. Y una bastante buena.

Con eso me refiero a que Mujer Maravilla cuenta una historia interesante y no necesariamente predecible (hasta el final, en la que cae –para mi decepción, pero era inevitable– en varios clichés de acción exagerada y sombría). Combina de manera inteligente varios elementos de géneros para volverse algo bastante refrescante, emotivo y divertido. Se siente algo como las películas de Superman más despreocupadas de los años 70 y 80 que los espectáculos operísticos más actuales y, como esas aventuras predigitales del Hombre de Acero, hace referencias tanto reverenciales como burlonas al espíritu de “libertad y justicia” de los filmes más antiguos de Hollywood.

Antes que nada, la película es una historia sobre los orígenes del personaje que establece los antecedentes míticos y las misiones modernas de la protagonista.

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